
Hoy, veo el mundo desde arriba. Hoy, no quise caminar más junto a la gente. Hoy, quise llevarle la contraria a mi positivismo, al mundo, al universo. Hoy me cansé de todo y de casi todos.
Me quité la sonrisa, me dibuje una lágrima (o unas cuantas) en el rostro. Me llené de emociones. De esas que me cargan de ganas de montarme en el primer avión a la China. De subirme a una montaña a gritar hasta quedarme sin voz. De decirle a todos que por qué si uno es tan bueno, tienen que ser tan malos contigo.
Dejé los colores a un lado. Me di permiso para sentirme obscura. Me otorgué licencia para dar un giro de 180 grados en mi personalidad. Para que otros me dijeran lo que yo siempre les digo. Para dejar de ser yin, y convertirme en yang. Para trasladar mis emociones al estómago, donde sentimos el miedo, los nervios, la aprensión. Para dejar de sentir por un rato con el corazón. Para conseguir la ira que necesitaba para llorar y gritar. Con sentimiento. Irracionalmente. Incoherentemente. Profundamente.
No se asombren por leerme así. No soy como el sol. Soy, más bien, como la luna. Que tiene distintas etapas. Que está ahí, aunque a veces no la veamos. Que se muestra como es: Brillante, la luz en medio de la obscuridad. Pero que en el fondo, oculta un lado obscuro.
Este es mi lado obscuro.
Pues sí. No siempre los enfrento con una sonrisa. A veces necesito que me sonrían a mí. Que sea a mí a quien abracen y le digan: “Aquí estoy, a tu lado, contigo, siempre fiel, cuando lo necesites, para lo que necesites”. GRACIAS a quienes lo hicieron. Me hacen darme cuenta que el mundo es un mejor lugar si ustedes están en él. Me hacen darme cuenta que definitivamente, son los colores de mi vida. Que sin la menor duda, lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Simplemente, GRACIAS.
Hoy, los veo a todos así. Desde una perspectiva diferente. Hoy, los veo a todos, desde el lado obscuro de la luna.
Me quité la sonrisa, me dibuje una lágrima (o unas cuantas) en el rostro. Me llené de emociones. De esas que me cargan de ganas de montarme en el primer avión a la China. De subirme a una montaña a gritar hasta quedarme sin voz. De decirle a todos que por qué si uno es tan bueno, tienen que ser tan malos contigo.
Dejé los colores a un lado. Me di permiso para sentirme obscura. Me otorgué licencia para dar un giro de 180 grados en mi personalidad. Para que otros me dijeran lo que yo siempre les digo. Para dejar de ser yin, y convertirme en yang. Para trasladar mis emociones al estómago, donde sentimos el miedo, los nervios, la aprensión. Para dejar de sentir por un rato con el corazón. Para conseguir la ira que necesitaba para llorar y gritar. Con sentimiento. Irracionalmente. Incoherentemente. Profundamente.
No se asombren por leerme así. No soy como el sol. Soy, más bien, como la luna. Que tiene distintas etapas. Que está ahí, aunque a veces no la veamos. Que se muestra como es: Brillante, la luz en medio de la obscuridad. Pero que en el fondo, oculta un lado obscuro.
Este es mi lado obscuro.
Pues sí. No siempre los enfrento con una sonrisa. A veces necesito que me sonrían a mí. Que sea a mí a quien abracen y le digan: “Aquí estoy, a tu lado, contigo, siempre fiel, cuando lo necesites, para lo que necesites”. GRACIAS a quienes lo hicieron. Me hacen darme cuenta que el mundo es un mejor lugar si ustedes están en él. Me hacen darme cuenta que definitivamente, son los colores de mi vida. Que sin la menor duda, lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Simplemente, GRACIAS.
Hoy, los veo a todos así. Desde una perspectiva diferente. Hoy, los veo a todos, desde el lado obscuro de la luna.
Todos necesitamos en algunos momentos tener esa falta de alegria, lo buenos de eso es tener quien este a tu lado para retomar el camino una vez con una sonrisa
ResponderEliminarTQM
ARi