miércoles, 19 de octubre de 2011

CARTA ABIERTA A MI HERMANA :)

Parece que fue ayer cuando la entonces “terrible” noticia llegó a casa. Uno nunca está preparado para digerir, tan siquiera para procesar, que algo así puede estar sucediendo, y aún peor, que está sucediendo en el más pequeño e íntimo núcleo familiar, ese núcleo impenetrable de nosotros cuatro (ahora cinco) que siempre ha sido sano y fuerte. Pero llegó, y llegó para demostrarnos que si bien no siempre podemos estar sanos, siempre somos fuertes.

Lo que comenzó como una noticia dada con preocupación en el borde del mesón de la cocina, se convirtió en el peor resultado. Las palabras de papá, pocos días después, quedarán siempre en mi mente “Lo de tu hermana no es nada bueno” sólo eso bastó para entender que un fantasma iba a estar presente ahora en nuestras vidas. Y es que el cáncer no es más que eso, un silencioso fantasma que nos acompaña, que no vemos, no sentimos, pero sabemos que está ahí.

Te confieso que lloré como nunca. Tú me conoces lo suficiente para saber que fue así. Y he de reconocer que lo peor fue estar fuerte para ti y para mamá (bueno, más que todo para mamá) ni yo misma sé de dónde saqué la fuerza para hablarte con sonrisas mientras las lágrimas esperaban pacientemente su turno al llegar a casa. Entonces me di cuenta que, después de tantos años de decir y pensar que tú no llorabas ni demostrabas muchos sentimientos, no debíamos ser tan distintas. Tú simplemente has sido, durante todos estos años, la fuerte de las dos.

Y es tu fuerza la que admiro, es tu ánimo y tus ganas de vencer, no a esto, sino a todo lo que se te ha presentado en tu vida. Aún no deja de asombrarme que seas tú, la que tiene este fantasma encima, quien nos dé fuerzas a los demás. Nadie me cree cuando lo digo pero es cierto, a veces (la mayoría) quien nos da más ánimo para enfrentar tu “enfermedad” eres tú misma.

Me asombra también que a veces te preocupas más por mí que por ti misma. La única vez que recuerdo te derrumbaste conmigo fue para pedirme “disculpas” porque tus genes eran una porquería (para no decir que dijiste que eran una mierda) y la espada de Damocles no caía sólo sobre ti sino sobre las dos. Sí, te prometo que este mes vamos al médico. Y lo lamento, pero cada año te tocará acompañarme porque Tejada se lleva mejor contigo que conmigo, eso es un hecho del que ni Ariadna ni yo tenemos la culpa.

Ya estamos bastante avanzadas en el proceso de ahuyentar a este fantasma. (Estamos, porque te dije desde el principio que estábamos juntas en esto). Y estoy segura de que siempre que esa sonrisa esté presente en tu rostro, esa fuerza esté en tu cuerpo y esa voluntad permanezca en tu corazón nada ni nadie, ni siquiera esto, podrá derrumbarte nunca.

Hoy es el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Nunca creí que una cintica rosada llegaría a significar tanto para mí. Hoy es un día para decirle al mundo: SÍ, MI HERMANA TIENE CÁNCER DE MAMA Y VA A SALIR VICTORIOSA DE ESTO PORQUE ES LA LUCHADORA MÁS FUERTE QUE HE CONOCIDO.

Te quiero, y te admiro como a nadie. Gracias por ser la fuerte, la grande, la mayor en todos los aspectos. Gracias por enseñarnos a todos que la actitud y el positivismo están en la cabeza… No en el cabello.


lunes, 1 de agosto de 2011

UNA NOCHE... ¡BRILLANTE!

Este fin de semana, cenandito en casa de mis cuñados, en medio de una de esas conversaciones en las que una cosa lleva a la otra, el Gordo y yo terminamos rememorando y echando (nuevamente) un cuento que nos dimos cuenta yo aún no he narrado por acá: El compromiso, la formal pedida de mano o, como me gusta recordarlo “Yo nunca en mi vida había llorado tanto” (y eso, como ustedes saben, ¡Es QUE JODE decir!).

La cuestión sucedió en el momento menos esperado para mí: En plena redacción de mi tesis del postgrado. He llegado a la conclusión que el Gordo, más que joderme la concentración para la redacción del último capítulo y medio de mi tesis, fue increíblemente inteligente. Yo estaba totalmente enfocada en algo para nada amoroso, así que una “cenita” en Galipán un viernes en la noche no encendía alarmas en ese momento.

He de confesar que el tema llevaba tiempito en el tapete. Un lunes (04 de Mayo, la fecha no se me olvida) sucedió lo siguiente:

- Te llegó un sobre a la oficina gorda, vamos a hacer algo y así te lo entrego

- Ay Gordo, pero hoy no me provoca hacer nada

- No importa, yo te lo llevo a la casa

- Pero es que me siento mal y no quiero levantarme de la cama

- ¡¡¡NO SEAS LADILLA!!! ¡Voy para allá y punto!

¿El contenido del sobre? Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe reservada y pagada para el 20 de Noviembre de 2010. ¡PLOP!. La idea era tener al menos la iglesia asegurada y, un año antes, si las cuentas daban, proceder a dar el gran salto.

Pero la tesis me tenía totalmente absorta en un mundo académico donde el Derecho de Autor e Internet fueron mi único tema de conversación durante, al menos, dos meses. Además, a finales de Noviembre nos íbamos juntos a Boston, y este pequeño querubín juraba que, si le ponían anillito en la mano, sería allá, pues el Gordo siempre había hablado de pedirme matrimonio en un lugar diferente.

Por supuesto, el Gordo sabía que yo pensaba así. Así que, conociéndome como me conoce, y aprovechando el tema de la tesis sobre el tapete, se inventó el plan, que se puso en marcha un jueves 28 de Octubre con una llamada telefónica del gran cómplice de este evento: Nuestro primo querido, Gerardo:

- ¿Qué pasó prima? Te llamo para que sueltes esa tesis y nos vayamos mañana en la noche a comer un fonduecito en Galipán

- ¡¡¡AAAAAYYYY SIIIIIII!!! ¿Pero hablaste con tu primo? Ve que yo tengo AÑOS diciéndole que quiero ir para allá pero a la ladilla esa siempre le da fastidio

- ¡No vale! ¡Eso te lo dejo a ti! Yo te enveneno con la idea y tú lo convences

- Cooooo… ¡Déjame ver si lo logro pues!

Inocente conejita.

Acto seguido, llamé al Gordo:

- Mi vidaaaa… Sabes que me llamó Gerardooo…

- ¡Coño! ¿¡¿Y ahora con que salió el c!$%& de m@”%& ese?!?

- Ayyy mi vidaaaa… Vamos a cenar fondue mañana con ellos a Galipán ¡¡¡AAAANDAAA!!!

- Coño… Este carajo si inventa g%$#&adas!!! ¡Esa vaina es carísima! Aparte, ¿Tú no estás con la tesis?

- Sí mi amor, pero es sólo un ratito en la noche, aaaandaaa ¿Qué te cuesta?

- Coño, que ladilla, ¡Esta bien pues!

Y yo… Redonda. Hasta me hicieron creer que el plan lo había armado yo.

Al día siguiente el Gordo me pasó buscando por la oficina. Una vez en el carro, y ya en camino al Hotel Ávila para agarrar el Jeep que nos llevaría hasta Le Galipanier repica su celular, y se oye: “Chamo, tengo un rollo en el apartamento, voy bajando a Caiza, vayan dándole ustedes que nosotros los alcanzamos”. De ahí en adelante todo fue “Gordo, mejor nos bajamos del Jeep, ¿Y si Gerardo no llega?” “Gordo, ¿Estás seguro que una botella de vino completa? ¿Y si Gerardo no llega?” “Gordo, no pidas fondue de chocolate, ya quedamos con Gerardo que al bajar nos íbamos a comer un helado con ellos”.

Si yo hubiera sido el Gordo, me hubiera mandado a mí para el mismísimo cipote. Tan bien planeada tenían la cuestión y tan Susanita soy yo que la alarma no sonó ni cuando al llegar al restaurant, completamente vacío, y tras el Gordo anunciar "Reservación a nombre de Gerardo Pisano o Eduardo Meinhardt, no sé a nombre de quién la hizo mi primo" nos dijeron "Sr., su mesa para 4 aún no está lista, si quiere puede esperar en una de la terraza". Esta mesa tenía velas y flores, a diferencia de las otras 30 mesas VACÍAS del restaurant, y yo... ¡Ay pero que suerte!.

Al terminar de cenar yo seguía con mi cara de Susanita… Toda enamorada y feliz, cuando de repente el gordo me pregunta:

- ¿Mi vida, eres feliz?

- ¡Sí mi amor! ¡Mucho! ¿Y tú?

Fue entonces cuando el mundo se detuvo y yo pude ver cómo, en cámara lenta, el Gordo echaba su silla hacia atrás y se arrodillaba mientras metía su mano en el bolsillo, sacaba una cajita, y me decía:

- Totalmente, pero sería aún más feliz si aceptaras casarte conmigo.

Lágrimas. Lágrimas. Más lagrimas. Mano en la boca. Lágrimas. Y mientras, el Gordo ahí, arrodillado cual flamante caballero sujetando una cajita con el anillo adentro. Más lágrimas. Sollozos. Ni una palabra.

Cuando sus rodillas no pudieron más y la desesperación empezó a asomar, optó por tomar el anillo y colocarlo en mi mano. La respuesta a esta acción nunca la esperó:

- ¡Pero yo todavía no te he dicho que sí! (Entre lágrimas y sollozos)

- Risa nerviosa, y el Gordo procede a INTENTAR sacar el anillo de mi dedo anular.

- ¡Claro que sí bobo! (Golpecito y risas de por medio)

Esta fue la sorpresa más hermosa de mi vida. Desde ese día, no han dejado de brillar ni mi dedo anular, ni mi sonrisa.


viernes, 8 de julio de 2011

¡YO NO FUI A MI BODA!.

Anuncio clasificado: “Joven amiga recién casada busca desesperadamente amigas que tengan novio serio, inteligente, buena gente, simpático, con trabajo, carisma y valentía para pedirles matrimonio. Se ofrece toda la colaboración y disposición para ayudar en la planificación del magno evento de la belleza de una sola mujer (incluidas las copias del cuaderno de boda propio). Se exige total involucramiento en todos los temas relacionados con la boda. No hay problema si existen conflictos, discusiones, peleas o esmoñamientos, se tiene alta experiencia en el asunto. Única condición: No tener preocupaciones, nervios o ataques de ansiedad en la fiesta y poder beber, comer, bailar y gozar todo lo que no se gozó cuando se fue novia. ¡Interesadas comunicarse conmigo urgente!”


Yo no fui a mi boda. Fueron tan gentiles de extenderme invitación protagónica y permitirme ser la única vestida de blanco (si no, un comando especial del cortejo tenía la delicada y suicida misión de derramar una copa de vino tinto sobre la osada que intentara desafiar mi blancura –totalmente verídico-). Fueron tan amables de otorgarme la dicha de ser el centro de atención por una noche (muy a pesar de mi Gordo). Fueron tan chéveres que todos fueron a mi boda, bebieron, comieron (en algunos casos jartaron) y bailaron hasta que las patitas no les dieron más. Todos fueron, ¡Pero yo no fui!

Y es que les juro que el mundo se paraliza el día que uno se casa. Yo, particularmente, ese día me lo salté. El 24 de Septiembre de 2010 no estaba en mi calendario. Yo brinqué del 23 al 27 más o menos. Para mí, todo quedó en el medio lexotanil que me dio mi mamá la noche antes de la boda para poder descansar.

Una está tan nerviosa, tan ansiosa, con tantas ganas de verlo a él, de verse a sí misma vestida de blanco, maquillada, peinada y con camarógrafo enfrente, de ver cómo quedaron los vestidos del cortejo, de ver a los pajecitos, la decoración, de ver cómo quedó absolutamente todo lo que se planificó y se imaginó por tanto tiempo, ligando que todo salga bien, que todo quede perfecto, que no llueva… Sabiendo que el momento que ha ansiado toda su vida está a punto de llegar… Y cuando llega… Se vive tan intensamente que casi no se vive.

Yo recuerdo muy bien toda mi ceremonia (salvo mi entrada, esos compases que acompañaron mis pasos y los de mis papás hasta el altar y que toda mi vida había soñado -atribuyo esto al brebaje de nervios con emoción que una obligatoriamente se autoinyecta en el carro camino a la iglesia-). Sé que a muchos les pudo parecer larga, pero para nosotros fue indescriptiblemente emotiva, no sólo porque nos casó un gran amigo de ambos, sino porque era el momento cumbre de nuestra relación y los teníamos a todos junto a nosotros para compartirlo. A quienes pudieron llegar en medio del torrencial aguacero de ese día, GRACIAS. A quienes no pudieron llegar, GRACIAS, la presencia no es requisito cuando predominan las oraciones y los buenos deseos.

Pero yo no recuerdo casi mi fiesta. Tengo muchas lagunas, muchos recuerdos aislados, cual si hubiera agarrado la peor rasca de mi vida (y lo peor, es que en toda la noche lo único que bebí fue agua, porque ni la copita de cava que me dieron al entrar me la terminé).

El gordo y yo gozamos, bailamos y nos reímos todo lo que nuestros cuerpos agotados con tanto nervio, ansia y cansancio post-planificación nos permitieron. Tras salir de la fiesta a las 5:30 am, exhaustos como nadie, y lograr meter mi vestido (que aún doy gracias a Dios porque la falda, contra todo pronóstico, quedo intacta y sin necesidad de aguja post-rumba) en el carro del Gordo nos encaminamos a nuestra suite presidencial en el Hotel Pestana. Al llegar al hotel el recibimiento no pudo ser menos gracioso:

- Gordo: “Buenas noches”
- Vigilante: “¡Buenos días! Ya son las 6:00 de la mañana señor, ¡Felicidades!”

Nos acostamos a las 8:30 am tras abrir nuestros regalos y leer todas y cada una de las tarjetas… ¡Gracias a todos por tanto cariño y buenos deseos juntos!. Dormimos hasta que a eso de mediodía el hambre empezó a manifestarse, nos despertamos, comimos y seguimos durmiendo… Hasta que se hizo hora de dejar el hotel. No, no hay más detalles. ¡Deje así! ;)

Les confieso que el 25 de Septiembre, tras llegar a casita, probamos el buffet de la boda. Fue muy rico planificarlo, imaginarlo, ansiarlo… Fue terrible estar en la fiesta y no tener nada, nadita, nada de hambre. Yo confieso que en toda la noche me comí tres lonjitas de jamón serrano, dos pedazos de queso parmesano, un pasapalo de pollo con ajonjolí en salsa de mango y una empanada de carne del budare a las 4:00 am. Gracias a todos los que nos dijeron que los langostinos estaban divinos, que los bombones eran espectaculares, que el pie de nutella era de chuparse los dedos, que todo lo del buffet estaba de muerte lenta y que nuestra boda siempre será recordada por la cantidad de comida que hubo. Gracias, si no fuera por ustedes ¡No nos daría tanta pena habernos perdido nuestra boda! :)


Detalles dignos de ser recordados:


- El rollo del cortejo para sentarse en las filas que les tocaban en la iglesia porque mis abuelas se apoderaron de los asientos,


- El pisotón sobre mi velo que detuvo mi caminata al altar por 3 segundos,


- La pérdida de la almohadita con los anillos en el momento cumbre de la ceremonia,


- El cura pidiéndonos entregar un hijo a la iglesia y volverlo sacerdote o monja,


- El Ave María que le erizó la piel a todos,


-¿Qué fueron a hacer cuando desaparecieron detrás del altar?*,


- La ruptura de las mangas de mi vestido tras una foto de “LEVANTEN LAS MANOOOOSSS Y GRITEEEEN” al entrar a la fiesta (para quienes no saben, el vestido estaba diseñado para poder quitar las mangas al momento de bailar, por eso estaba tan tranquila mientras la mitad de ustedes me veían con cara de tristeza/preocupación/dolor/odioaladiseñadora),


- La crisis por falta de asientos y presencia de todos,


- El show de tambores (y mi amigo homofóbico gritando que necesitaba con urgencia un negro),


- La sorpresa que nos dieron Dani y Nano al subir a la tarima a cantar “Tabaco y Chanel” y “I’m Yours”,


- La torta… Muy rica de sabor pero terrible en presentación,


- El Gordo y Meritxell apoderados del micrófono en la hora loca,


- "Caro, yo te quieroooo, nosotros los queremos, no quiero que sigamos peleadas, marica, ¡TE QUIERO!, por favor vengan a Puerto La Cruz, los extrañamos" (Adivinen el personaje... ;) jajajaja)


- Mi cuñada, mi suegra y sus amigos del trabajo bailando “conga conga me gusta la melonga…” cuando se fue la orquesta,


- Cava toda la noche… Y sus consecuencias en algunos,


- Que una de mis dos mejores amigas de la infancia se ganara mi bouquet, (“porque le tenía puesto el ojo desde que llegó a mi casa”),


- ¿¡¿¿¡Quién rompió el vaso de whisky en medio del desespero por agarrar el liguero?!?!?



- Según ustedes: Los langostinos.


* Fuimos a ponerle flores a la Virgencita de Coromoto y a elevar una plegaria ante San Antonio de Padua.


lunes, 2 de mayo de 2011

¿CÓMO SE SENTIRÁ SER UN PERRO?

En estos días, echada en mi casa sin nada que hacer más que dormir y comer algo, me puse a pensar cómo debe sentirse el ser un perro. Yo no puedo quejarme de mi vida, en verdad. Mis papás se encargan de darme una comida balanceada, aunque debo reconocer que mi papá me consiente bastante y siempre me da algo de lo que cocina, lo que hace que mi mamá se ponga a gritarle yo no sé cuántas cosas ni por qué, al fin y al cabo, yo nací para que él me consintiera y para retribuírselo con el más grande de mis cariños, ¿No es así?.

Pero mamá también me consiente. No pasa una noche sin que llegue agotada de su trabajo y aún así siempre se sienta a hablar y jugar un rato conmigo. Yo escucho atenta todos los pormenores de su día mientras ella me cepilla el cabello (cuando me dejo, porque a veces en verdad me da como fastidio) y lo más chistoso es ver como mi papá cree que está hablando con él, cuando en verdad, el mundo de mamá ahora gira en torno a mí. Pero yo me quedo callada, no quiero generar más problemas entre ellos pues a la final, a quien le traen regalos después de un viaje es a mí.

Aunque mamá a veces viaja sola, también hemos viajado juntos los tres. Y es precisamente en estos viajes cuando más melancólica me pongo al ver a los perros que ellos tienen en su otra casa (Digo yo que es otra de sus casas, porque papá siempre va gritando mientras mamá no le para y se echa a ver una película conmigo, como sucede todas las noches cuando llegan del trabajo).

Y es ahí, viendo a sus perros cuando me digo… ¡¡¡Que sabroso debe ser poder correr con la libertad con la que ellos lo hacen!!!. Yo a veces lo intento, me escabullo y trato de perseguirlos, pero papá siempre me llama, me abraza y me explica que yo no debo salir. Así que me echo a ver cómo ellos llegan llenos de lodo, mojados y con cadillos en las patas. Mientras mis piernas están limpias y no tengo ni un solo cabello fuera de lugar.

Pero ser yo tiene sus ventajas, incluso cuando estamos en estos viajes. Hay ciertos momentos en que doy gracias por no ser un perro. Por ejemplo, cuando mamá y yo estamos tomando sol en la piscina. Pobres perritos, no los dejan ni poner una pata cerca, papá medio ve que se están acercando y empieza a gritarles. A mí nunca me grita, conmigo se baña en la piscina, me carga, me da besos y me abraza.

En las noches siempre vemos televisión juntos y cuando estoy muy cansada me voy a mi camita. Sí… Ese es otro momento en que agradezco no ser un perro… Yo tengo mi camita calentita, hecha a la medida para mí, y mamá la coloca siempre a su lado. Ahí duermo profundo hasta recargar totalmente mis pilas, lo cual le hago saber a mamá acostándome entre ella y papá.

Sí, en verdad soy la consentida de mi casa. Tengo todas las comodidades que puedo querer, aunque a veces en verdad, quisiera saber qué se siente ser un perro.

Yo, Cotufa.

jueves, 31 de marzo de 2011

RETOMANDO EL VICIO.

Aquí me tienen, después de una prolongada ausencia de este, mi pequeño rinconcito digital donde comparto con ustedes pensamientos, anécdotas, sueños e ideas.

El Gordo y yo ya tenemos seis meses de casados. Me atrevo a decir que han sido los seis meses más felices de toda mi vida. Una tiene pánico de empezar a compartir la vida con alguien. Sí, pánico. Eso no es un miedito normal de esos que te pueden dar al ver una película de terror. No. Es el más puro y profundo P-Á-N-I-C-O. Y es que una de repente firma un papelito, hace una promesa en el altar y así como de la nada, hace entrega formal de lo que ha sido su vida desde que salió de la cálida guarida que le proporcionó su madre durante nueve meses. Panic Button: Activated.

Adiós al placer de llegar a la casa a no hacer nada. Hasta luego a las salidas nocturnas con las amigas. Pausa a las suculentas comidas de Blanquita y de mamá. Bienvenido sean los productos de limpieza, las sartenes, ollas y el extraño en la cama. Cuando te dicen que la vida te cambia después de casarte, créanme, tienen TODA la razón.

Mis amigas están a punto de excomulgarme, desheredarme y expropiar todos mis bienes (incluido mi esposo) para ver si así me vuelvo a anotar en las noches de vinitos y cuentos. Y es que ahora llego a una casa donde hay que cocinar, lavar y fregar todos los días (o más bien dicho: Todas las noches). Es decir, una llega de trabajar… A seguir trabajando. Gracias a Dios me casé con el ser más maravilloso sobre la faz de la tierra, que comparte tareas conmigo y, más de una vez, las asume él solito cuando ni Santa Bárbara bendita ha podido darme un buen día.

Y ya sé que me van a decir que yo solita me busqué esto, que nadie me mandó a mí a casarme, que yo sabía en el paquete en que me estaba metiendo, etc., etc., etc… Y les digo, con toda la sinceridad y el orgullo del mundo, que hoy por hoy me siento más mujer que nunca, más afortunada que cualquiera y más feliz de lo que jamás pude imaginar que sería.

El matrimonio es un gran salto y una inmensa responsabilidad. Pero cuando este paso se da con amor, amor verdadero, amor del bueno, amor como el que sentimos mi Gordo y yo, la responsabilidad sólo puede transformarse en una cosa: Felicidad. Felicidad de estar, por fin, junto a la persona que amas por el resto de tu vida.