lunes, 2 de mayo de 2011

¿CÓMO SE SENTIRÁ SER UN PERRO?

En estos días, echada en mi casa sin nada que hacer más que dormir y comer algo, me puse a pensar cómo debe sentirse el ser un perro. Yo no puedo quejarme de mi vida, en verdad. Mis papás se encargan de darme una comida balanceada, aunque debo reconocer que mi papá me consiente bastante y siempre me da algo de lo que cocina, lo que hace que mi mamá se ponga a gritarle yo no sé cuántas cosas ni por qué, al fin y al cabo, yo nací para que él me consintiera y para retribuírselo con el más grande de mis cariños, ¿No es así?.

Pero mamá también me consiente. No pasa una noche sin que llegue agotada de su trabajo y aún así siempre se sienta a hablar y jugar un rato conmigo. Yo escucho atenta todos los pormenores de su día mientras ella me cepilla el cabello (cuando me dejo, porque a veces en verdad me da como fastidio) y lo más chistoso es ver como mi papá cree que está hablando con él, cuando en verdad, el mundo de mamá ahora gira en torno a mí. Pero yo me quedo callada, no quiero generar más problemas entre ellos pues a la final, a quien le traen regalos después de un viaje es a mí.

Aunque mamá a veces viaja sola, también hemos viajado juntos los tres. Y es precisamente en estos viajes cuando más melancólica me pongo al ver a los perros que ellos tienen en su otra casa (Digo yo que es otra de sus casas, porque papá siempre va gritando mientras mamá no le para y se echa a ver una película conmigo, como sucede todas las noches cuando llegan del trabajo).

Y es ahí, viendo a sus perros cuando me digo… ¡¡¡Que sabroso debe ser poder correr con la libertad con la que ellos lo hacen!!!. Yo a veces lo intento, me escabullo y trato de perseguirlos, pero papá siempre me llama, me abraza y me explica que yo no debo salir. Así que me echo a ver cómo ellos llegan llenos de lodo, mojados y con cadillos en las patas. Mientras mis piernas están limpias y no tengo ni un solo cabello fuera de lugar.

Pero ser yo tiene sus ventajas, incluso cuando estamos en estos viajes. Hay ciertos momentos en que doy gracias por no ser un perro. Por ejemplo, cuando mamá y yo estamos tomando sol en la piscina. Pobres perritos, no los dejan ni poner una pata cerca, papá medio ve que se están acercando y empieza a gritarles. A mí nunca me grita, conmigo se baña en la piscina, me carga, me da besos y me abraza.

En las noches siempre vemos televisión juntos y cuando estoy muy cansada me voy a mi camita. Sí… Ese es otro momento en que agradezco no ser un perro… Yo tengo mi camita calentita, hecha a la medida para mí, y mamá la coloca siempre a su lado. Ahí duermo profundo hasta recargar totalmente mis pilas, lo cual le hago saber a mamá acostándome entre ella y papá.

Sí, en verdad soy la consentida de mi casa. Tengo todas las comodidades que puedo querer, aunque a veces en verdad, quisiera saber qué se siente ser un perro.

Yo, Cotufa.

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