lunes, 26 de abril de 2010

UN FIN DE SEMANA ENTRE AMIGOS.

Este fin de semana estuvo cargado de distintas emociones. El sábado me levanté con unas extrañas ganas de hacer ejercicio, así que decidí irme al Mirador de Valle Arriba a trotar un rato. Para aquellos de ustedes que conocen la historia de “la medalla” agárrense en sus asientos y aférrense a la vida, porque se me cayó y puedo morirme de la tristeza porque creo que la perdí =’(

En la noche tuve una salida divina con mis adoradas ñiñas, mis migüas lindas y bellas del colegio. Con una supermegahiperrecontra gigante pelea de por medio con el Ne (que nos mantuvo rencorosamente separados durante el fin de semana y nos demostró que definitivamente no podemos vivir el uno sin el otro y nos amamos con locura) me fui a descargar mis penas, rencores y frustraciones en medio de vinitos, risas y muy ricas conversas, para llegar semi prendidita a mi casa gracias a la brillante idea de la ñiña mayor de hacer un fondito blanco con la última copa de vino. Yo, ni lenta ni perezosa, empuñé bien alto mi copa. No aguanto un reto. La otra ñiña, haciendo honor a su nuevo papel de abuelita, arrugó firme, impertérrita e irremediablemente.

El domingo tuve mi tradicional almuerzo familiar. Mi linda hermanita nos consintió y nos invitó a comer sabroso en un restaurant. Acto seguido cumplí con mi deber ciudadano/antichavista/opositor y me llené de tintita morada el meñique en las primarias. Yo sé que lo de mancharse era opcional, pero ya que estás ahí, haces la cuestión completa, sino no es tan divertido. Tardé poco en arrepentirme: Soy un imán para las manchas profusas… Así que tengo no sólo el meñique pintado… También el anular, la palma y el borde de la mano. Bien desagradable la sensación que la dichosa tinta te deja. Empiezo a lamentarme.

Como la situación con el Ne no mejoraba y ya íbamos pa’ 24 horas sin hablar analicé mis opciones:
1. Irme a mi casa a sentarme a moquear como la galla que dignamente soy esperando que me llamara.
2. Irme al Olímpico a ver el juego del Caracas FC vs. el Deportivo Italia y seguir despejándome la mente con los panas.

Needless to say… Me largué al estadio. Me esperaban allá mi prima y el Mijitico. Llegué tarde y casi muero de la frustración en la mega cola de la taquilla cuando empecé a escuchar a la Barra cantar: “ROOO DALE DALE ROOO” y acto seguido, el Himno Nacional. Me perdí la salida del equipo, ¡Con lo que me encanta esa parte!.

Pero eso no fue lo peor. El Caracas llevaba 6 años sin perder de local en la Copa Libertadores. Me lanzo yo a los 3 partidos, y lo mejor que conseguimos fue un empate a cero. El Caracas IBA invicto en el Torneo Clausura, llego yo al Estadio, no he terminado de saludar al Mijitico, y el Deportivo Italia anota el primer gol. Resultado final: Deportivo Italia 3 – 1 Caracas FC. Por supuestísimo, he quedado como la pavosa. Aunque el Mijitico aún me dio la oportunidad de desvirtuar dicha presunción en el clásico Caracas-Táchira de este miércoles. Espero llegar a ustedes con buenas noticias el jueves.

Y ya que estábamos juntos y sin oficio los tres, y el Mijitico y yo ya adoptamos la excelente malacostumbre de invadirle la casa a la Mijitica, nos auto-encomendamos la noble tarea de comprar vinito, 7UP y chucherías, y lanzarnos a casa de Gaby a echar cuentos un rato. La pasamos divino, como siempre que estamos juntos. Es que definitivamente somos un “combito” excelente ;)

Así que ahora me toca combatir la colosal mancha morada con cuanto producto de altos niveles químicos se me atraviese por delante, y lanzarme a los brazos de mi Ne con quien ya estoy felizmente reconciliada. ¡Es que eso de estar casi 48 horas sin hablar con él es feo y difícil!. Tendrá que encontrar rápido el botón de OFF esta noche, porque me toca echarle con lujo de detalle toditos los cuentos de este fin, que fue mucho bastante demasiado nostálgico sin él, pero que mis bellos amigos, a su hermosa manera, se encargaron de alegrarme. Así que…

1. A mis ñiñas: Son simplemente LAS MEJORES. Las incondicionales y eternas. ¡Las quiero como que mucho con demasiadísimo! ;)

2. A mis mijiticos: ¡¡¡Son LO MÁXIMO!!! Hacen cada momento inigualable, único e irrepetible. Las mejores carcajadas están junto a ustedes, por siempre jamás. ¡Los adoro!.

3. A mi Ne: Te amo más que ayer, pero menos que mañana. Con lo malo, lo bueno, lo pésimo y lo feo. Simplemente, TE AMO.

jueves, 15 de abril de 2010

MI PALETA DE COLORES.

A veces me llega la inspiración de la forma más inesperada. Una palabra, una imagen, una persona, el sonido de la lluvia sobre las hojas de los árboles o la iridiscencia de los rayos del sol en mi ventana desencadenan en mí una serie de emociones, de sensaciones, que me cuesta contener dentro, que me llenan el alma y el espíritu cual vaso que poco a poco recibe el líquido que le da su finalidad y propósito.

Hoy, un comentario leído en el blog de un amigo bastó para liberar mi mente de la inclemente rutina del día a día y ponerme a pensar en aquello que me inunda de alegría y dibuja constantemente sonrisas en mi rostro: Mis amigos.

Mis amigos son como una paleta de colores. Son diversos, son disímiles, son únicos. Cada uno tiene algo que lo hace especial y distinto de los demás. Son quienes le dan sentido al lienzo de mi vida, colorean mi paisaje y dibujan mi horizonte.

Y como una paleta de colores, los tengo de la más infinita variedad, una gama espectacular: Los que siempre están alegres y los que cuesta hacerlos sonreír, los que asienten en todo y los que rayan en lo intolerante, los intelectuales y los bochincheros, los perspicaces y los achantados, los presumidos y los sencillos, los impertinentes y los silenciosos, los ágiles y los torpes, los que están cerca y los que están lejos, los directos y los sutiles, los que están, los que estuvieron y los que se van, los que entran un ratito y los que se quedan para siempre, los de la infancia, los del colegio, los de la universidad, los del trabajo, los de la familia, los de la vida.

Y todos han llegado a mi vida y se han posado en mi paleta en su forma más peculiar. Hay algunos que se han caído de ella, pero dejaron marcado su tono particular. Y es que de todos he aprendido y todos me han enseñado. Con muchos he reído y con pocos he llorado. Con algunos me he molestado y por algunos me he lamentado. Pero a todos, a todos toditos todos, los he adorado.

Y a veces me atrevo a mezclarlos, a combinarlos unos con otros. A acercarlos en mi paleta para obtener resultados maravillosos. No siempre me sale bien, pero de ello también he aprendido, y quizás ellos también.

Por eso quiero darles las gracias a ustedes, mis colores. Por las sonrisas dibujadas y las lágrimas compartidas. Por los abrazos cariñosos y los regaños merecidos. Por las ideas locas y los planes fracasados. Por las llamadas, los mensajes y los correos. Por estar conmigo aunque a veces estén lejos. Por sus palabras y sus silencios. Por el apoyo, la confianza y el aliento. Por los momentos, los instantes, las épocas, las ocasiones y las oportunidades. Porque sin ustedes mi vida no tendría color ni mucho menos sentido.

Ustedes son mi paleta de colores, mi arcoiris de emociones.

miércoles, 14 de abril de 2010

ENTRE ROJOS, AZULES, POLICÍAS, PERDIGONES Y BOMBAS LACRIMÓGENAS.


Pues nop. No vengo a relatarles la triste crónica de una marcha de la oposición. Aunque no lo crean, todas las palabras del título de este nuevo post también pueden ser relacionadas con otra cosa. En el caso particular que hoy nos ocupa, se trata de la triste crónica del último partido del Caracas FC jugando de local en la Copa Libertadores.

Como les conté hace unas tres semanas, un buen amigo (A.K.A. “El Mijitico”) cometió el error de invitarme a UN juego del Caracas FC en la Copa Libertadores… No ha podido deshacerse de mí en cada juego desde entonces…

Así que anoche volvimos al Olímpico. Para mi sorpresa, me encontré un estadio poco concurrido, prácticamente vacío en comparación con los juegos anteriores. Vislumbré entonces que, lamentablemente, el concepto de fanatismo no ha calado lo suficiente en las venas de los caraqueños. El fanático, el verdadero, el que lleva al equipo en la sangre y en el corazón, el que lo da el todo por el todo, está en las buenas y en las malas, y comprende que es precisamente en las malas, cuando su equipo más lo necesita. No podemos decirnos hinchas de un equipo cuando sólo vamos al estadio al inicio de la temporada o cuando vamos liderando las tablas. Somos hinchas, somos fanáticos, cuando queremos y sentimos a nuestro equipo, nos vestimos con sus colores y los acompañamos desde lo lejos, cantando para que sepan que estamos ahí, apoyándolos, sudando con y por ellos, sintiendo en carne propia lo que ellos viven cuando tienen el balón enfrente, estemos ganando o completamente perdidos, eliminados y borrados del mapa. El equipo se es, se siente, se vive, se llora, se grita, y punto.

Pero ahí estábamos nosotros. Nuevamente en nuestros puestos VIP: En el medio de la mitad del centro mismo del campo, última fila de gradas, con la bandera de Venezuela y el obscuro y nublado cielo caraqueño sobre nuestras cabezas, listos para entonar nuestras canciones y apoyar a nuestro equipo, los Rojos del Ávila. Y estaban también ellos, los chilenos, separados de nosotros por una serie de paneles de madera cuya función debía ser, precisamente, mantener la distancia entre la barra de “los de abajo” y la barra de “los demonios rojos”.

Y entonces aprendí una importante lección: Colocar una barrera entre fanáticos no los separa, los une más. Porque nace entonces el incontenible sentimiento/necesidad, de romper la barrera, tirarla al piso y hacerle sentir a los otros, a los visitantes, a los invasores, que ése es nuestro terreno, nuestro campo, nuestro equipo, y nosotros mandamos ahí. No voy a negar que en un principio me pareció graciosa la situación; hasta que el fanatismo se volvió delincuencia organizada y vandalismo. Una cosa es “meterle miedo” a los visitantes y otra muy distinta destruir tu propio estadio y caer en una desmedida, infame, vergonzosa e innecesaria violencia.

Un encuentro deportivo que inicia de esta manera no puede culminar mucho mejor. Fuimos tristes testigos de un enfrentamiento violento entre hinchas de ambos bandos y policías. En verdad, no me pregunten cómo inició la cuestión. Mis ojitos lo vieron de la siguiente manera: Chile en posesión del balón, los rojos intervienen y le roban la pelota, el jugador cae (por dentro pienso: “¡Seguro que el $%&*!@+ árbitro va a pitar y va a interrumpir la jugada! ¡Es lo único que ha hecho toda la noche!”) el jugador se adelanta, se acerca a la portería y… ¡¡¡GOOOOOL!!! brazos al aire, emoción, sonrisas, chocadas de mano, fuegos artificiales y… ¡PAM! ¡PAM! ¡PAM!... ¿Eso son disparos? ¿Dónde están las pancartas de los chilenos? ¿¡¿¡¿DÓNDE ESTÁN LOS CHILENOS?!?!?

El partido tuvo que ser paralizado, y al poder despegar los ojos del balón pudimos observar cómo fuera del Estadio se libraba una batalla campal entre policías y fanáticos, que se prolongó por una media hora. No podemos criticar a quienes promueven un discurso de violencia e intolerancia cuando nosotros mismos no sabemos mantener la calma y la compostura en el más básico de los terrenos, el de juego, cuando no sabemos ser buenos perdedores y más aún, buenos fanáticos. Hay victorias y hay derrotas en todos los campos de la vida, y hay que saber aceptarlas, con la frente en alto, la mente fría y el corazón en calma.

El equipo no dio la talla anoche, la fanaticada, mucho menos. No voy a negar que desde la comodidad de mi asiento mi mente divagaba alrededor de los más maquiavélicos planes de homicidio y tortura desenfrenada, con el árbitro de protagonista. Que buena parte de mí estuvo de acuerdo con el balonazo que le propinaron en la cara a uno de los jugadores de la “U” y que estuve completamente de acuerdo cuando el Mijitico gritó “¡YA ESTAMOS ELIMINADOS! ¡¡¡TERMINA DE MATARLOOO $%”@+¿’º/$!!!” pero una cosa es dejarse llevar por el desconcierto del momento, dejar el raciocinio a un lado por unos segundos y recordar completita a todas las generaciones de los que están en el campo, reunir todas estas emociones y gritar, gritar incluso lo más ilógico e irracional, hasta que te vibren todas y cada una de las cuerdas vocales, hasta quedarte sin aliento, hasta que simplemente no puedas más, y desahogarte con la más pacífica de tus armas: tu voz; y otra cosa muy, muy distinta, es descargar todas tus frustraciones, tu furia, tu ira y tu rencor de manera física y violenta por aquello que no es más que un juego, sólo eso.

Aún así, sigo queriendo a mi equipo, lo sigo llevando en el corazón, y cada vez lo siento un poquito más mío. Jueguen bien, jueguen mal o jueguen pésimo. Son parte de mi gentilicio, de mi hermosa y variopinta venezolaneidad.

Y es que en el Estadio me encuentro a mí misma, pero lo más importante es que ahí, en esas gradas, bajo ese cielo, me encuentro a mi país y a su hermosa gente. Y es una mágica sensación que me deja sin palabras, y que simplemente gozo… Y me la tomo con cerveza y la saboreo con chucherías, tequeñones y perros calientes.

Así que critiquen quienes quieran criticar, hablen todo lo que quieran hablar, jugamos mal, muy mal, lo sé… Pero yo sigo apoyando a mi equipo, y ahora, después de los recientes eventos, con más ganas cantaré:

ESO QUE DICE LA GENTE
QUE SOMOS BORRACHOS, VAGOS, DELINCUENTES,
NO LE PARO BOLA, YO SOY DEL CARACAS…
¡¡¡Y A TODOS LOS QUIERO!!!

P.S.:
No estoy muy segura de que mi Ne me siga acompañando a los juegos dado que anoche comprobó, como dice la canción, que la Barra Caraquista está efectivamente integrada por una cuerda de borrachos, vagos y delincuentes... Y que las esquirlas de los fuegos artificales estuvieron a punto, a puntiquititititito de partirle la cabeza y/o sacarle un ojo. Yo, por mi parte... Me gocé ambas situaciones hasta la muerte. Razón tiene en admitir en su último post que su vida será cómoda y tranquila... Hasta que yo (o alguno de mis inventos) ¡Lo mate! ;)

lunes, 12 de abril de 2010

SAGITARIANA, EXTREMA Y AVENTURERA HASTA LA MUERTE.

Hay una parte de mí que muy pocos conocen. Me atrevo a decir que ni yo misma la conozco muy bien, pero está ahí, latente dentro de mí, haciéndose más fuerte con cada respiro y cada latido de mi corazón. Es algo que me impulsa hacia lo nuevo, hacia lo desconocido, que me hace soñar y trazarme las más inusuales e inconcebibles metas. Algo que me hace sentirme grande y pequeña a la vez. Ese algo es mi inclinación, casi natural, a la aventura.

Quizás quien conozca mejor esta “faceta” de mi enrevesada y compleja personalidad es mi mamá. Es ella quien comenta que de pequeña siempre estaba inventando, que no me quedaba quieta. Viendo hacia atrás… Sí, fui un dolor de cabeza, lo reconozco. Siempre me gustaron los toboganes más altos, siempre me columpié lo más fuerte que pude (era de esas niñas incrédulas que JURABAN que podían darle la vuelta completa al columpio) y me lanzaba al aire cuando éste llegaba a su punto más alto. Amaba lanzarme por una bajada con mis patines, mi bicicleta y mi carrito en forma de zapato rosado. Mis rodillas pueden demostrarlo.

Pero tampoco vayan a creer que soy una loca desquiciada sin conciencia ni pensamiento racional alguno. Hay cositas que también me dan miedo, o quizás más bien, respeto. Por ejemplo, me fascina lanzarme al agua. Amo la duda que te invade en el instante previo al salto, la sensación de caer al vacío, con esa cosquillita en el estómago y el grito semiahogado en la garganta... Zambullirme en el agua helada y nadar hasta la superficie… Elevar la mirada y decir “De allá vengo… ¡Y pa’ llá voy de nuevo!”. Pero, así y todo, nunca tuve el valor suficiente para lanzarme desde el último trampolín en la piscina olímpica de Puerto Azul. Subía, me asomaba, me acobardaba un poquito, bajaba al tercero… Y al agua. Eso podía suceder tres o cuatro veces un mismo día. Hoy por hoy, me arrepiento de no haber simplemente cerrado los ojos, dado un paso al frente…Y llegado al agua desde lo más alto. Fue así como la vida me enseñó que a veces sólo existe una oportunidad para hacer las cosas, y hay que aprovecharla. Es esto lo que hoy por hoy me impulsa a buscar nuevas experiencias, arriesgarme y vivir la vida al máximo.

Y quizás es también porque con los años me he vuelto más osada y siento menos temor y más ganas de vivir experiencias que me inyecten una buena dosis de adrenalina en la sangre. De pequeña le tenía pavor a las montañas rusas, ahora tienen que caerme a gritos para que me baje (y la mayoría de las veces, ni los gritos funcionan).

Mi mamá le echa la culpa de todo esto a mi signo. Léanse cualquier descripción de los sagitarianos. Entre las primeras características SIEMPRE encontrarán: “amantes de la aventura y lo desconocido” “audaces” “odian la rutina, siempre buscan cosas nuevas”. No saben el dolor de cabeza que esto le causa a mi pobre Ne, que es taaan tranquilito y amante de la comodidad y el relax. Que odia la sensación de caer al vacío, que sufre de vértigo, que ve el peligro en todas partes. A veces no lo culpo… Al fin y al cabo fui yo quien, enseñándole a esquiar, lo mandé (accidentalmente) a bajar por una pista negra. Poco le faltó para llegar hecho una bola de nieve al pie de la montaña.

En fin, así soy. Aventurera y un poquito extrema. Con una increíble, innata y casi sobrenatural tendencia a conocer, explorar y aprender de todo lo que me rodea. Con poco sentido del peligro y el riesgo (salvo cuando estoy en el mar, el único sitio donde me declaro cobarde hasta el tuétano). Osada, arriesgada, lanzada y siempre, siempre, con una sonrisa ante la vida y las experiencias que me hacen sentir viva y me quitan el aliento.

Por ahí vienen grandes planes. Cositas que tachar en mi lista de antes de partir, en las que seguramente me acompañará mi Ne, quien con su amor por quién y cómo soy y su comprensión de mi propia naturaleza es (y será por siempre) la pieza fundamental en mi despliegue de alas. Aunque las suyas las deje tranquilitas y resguardadas, siempre pendiente de “mantenerme con vida”. Pero como le digo cada vez que invento algo nuevo y me grita “¡¡¡TE VAS A MATAAARRR!!!”: Moriré… ¡Pero moriré feliz!. Al fin y al cabo, ¿No es eso lo que verdaderamente importa? ;)