miércoles, 19 de mayo de 2010

¡FELIZ NO CUMPLEAÑOS!

En estos días cumplió años una muy querida amiga. Esas de la infancia, que desaparecen un ratito, vuelven en la adolescencia y se quedan para siempre. Pero no están en tu cortejo porque se van de viaje y llegan pocos días antes de tu boda (aunque están conscientes que pagarán muy caro semejante desplante sentimental).

No pudimos reunirnos el día de su cumple, porque no sólo le cayó atravesado, sino que le resultó por demás complicado. Así que decidimos hacerle una pequeña reunión, conformar un petit comité y caerle en su casa el fin de semana. Aunque parezca mentira, la mente maestra tras el siniestro plan no fui yo. A veces los manguitos no se caen tan rápido de las matas.

Nos dividimos la comida y la bebida y cada una aportó algo. Una pequeña picadita con muestras de habilidades semi-culinarias de las que no se van a casar y que dejaron mal a la futura ama de casa que sólo llevó quesitos.

Este tipo de reuniones definitivamente son lo máximo. Y la compañía no pudo ser mejor. Mientras tomábamos tintitos de verano (una obscura artimaña para pasar el vino más fácil y prenderte más rápido) conversamos de temas increíblemente diversos: Adultos, infantiles, gallos, memorables, y algunos incluso, interesantes.

Así, reafirmamos que ninguna ha superado a Leo DiCaprio o a Brad Pitt. Mucho menos a los BSB. Que aún conservamos la camisa que compramos en el concierto (junto con la entrada por supuesto) y que estamos seguras que la usaremos dentro de 30 años cuando vayamos a verlos nuevamente y ellos estén más viejos que nosotras, pero igual de bellos. Y seremos entonces como las señoras que hoy siguen yendo a ver a Menudo en “El Reencuentro” y entenderemos, sólo en ese momento, lo que ellas sienten cantando y bailando canciones que ya ni en las bodas se escuchan.

Me sentí como un extraterrestre cuando empezaron a hablar de la crisis de los 25. Cuando dejé de interiorizar mi asombro porque yo no sufrí ningún trastorno emocional en los días previos y posteriores a mi cumple y alcé mi mano para decir “Mi nombre es Carolina Trinitario, yo no sufrí una crisis a los 25 años” todas me dieron, casi al unísono, la respuesta: “Tu OBVIAMENTE no sufriste la crisis de los 25 porque ya estabas comprometida para esa fecha. ¡¡¡Grandísima galla!!!”. ¿Será cierto?.

Tendré que esperar la “crisis de los 30” para saber si es que soy inmune al fenómeno del envejecimiento enfermizo o si la teoría planteada esa noche fue completamente cierta y mis amigas se merecen el título de Doctoras Honoris Causa en Psicología Femenina Avanzada.

Y como siempre se tejen hilos que unen una conversación con la otra, se dedicaron estas mujeres a planearme la bien llamada “Despedida de Soltera Extraoficial”. Aquella que será efectuada sin entes maternos que limiten la candidez de los juegos y me repriman de la rasca que debo (al parecer obligatoriamente) agarrar ese día. Deséenme suerte, porque yo, particularmente, ¡Lo que les tengo es miedo!.

Y seguimos viendo hacia el futuro y ya éramos mamás. Yo de tres, una de uno, una de ninguno… A menos que el esposo le jale demasiado, le pague las lolas y la lipo tras el parto y le de una buena mesada para mantener a la pobre criatura (no, no se refería al bebé). ¡Y Dios nos libre de tener un bebé feo! Aunque bueno… Si es niña se puede acomodar con moñitos, lacitos, sombreros y falditas. Pero un varón feo… Uy… Ese sí que la tiene difícil…Ése va a tener que nacer con tremenda personalidad para poder enfrentar al mundo. (Destáquese que la que menos opinó sobre el tema de la belleza infantil fue la futura esposa, porque es como que la que está más cerca de ser mamá -aunque todos sabemos que eso no es necesariamente cierto- y aquí se sabe que la lengua es el castigo del cuerpo).

Además, si uno se casa y va a tener bebés necesita un buen trabajo. El problema, el pequeñísimo problema, es que ninguna está contenta en su trabajo. Es más, no estamos ni contentas con nuestras carreras. ¿Quién nos dijo que lo nuestro era la Arquitectura o el Derecho?. ¿¡¿Quién NO nos dijo que no nos metiéramos en esa vaina?!? Pero bueno, siempre estamos a tiempo de abrir una agencia de turismo (pudo haber sido un preescolar… Pero ya habíamos sobrediscutido el tema de los niños) o ser el primer grupo de reggaeton femenino. No. Mentira, las mujeres no podemos cantar reggaeton. ¡Mucho menos nosotras!.

Y una empieza a darse cuenta cuándo el tintico de verano va haciendo efecto en el momento en que se le cambia el nombre al perro. Y ya no es Romano, sino Romeo. Y es hijo del que conociste toda tu vida y murió hace pocos meses. Y por más que intentes llamarlo Romano, sólo puedes decirle Romeo. Y haces que tu amiga entienda que, por más que lo lamentes y ella lo odie, tú, de ahora en adelante, siempre le dirás Romeo y serás su Julieta.

Llega así el momento de sacar la torta y entonar como las mejores amigas, las gallas y los manguitos que hemos sido desde los últimos trece años un “FELIZ FELIZ NO CUMPLEAÑOS, ¡PARA TÚ!, ¿PARA YO?” y despedir con un excelente pie de limón una noche de buenos momentos, grandes recuerdos y sonoras carcajadas.


P.S.: Se les agradece que la próxima vez se acuerden de tomar fotos al llegar. Quedó demostrado que a las dos de la mañana una no es gente para pararse decentemente ante una cámara fotográfica y es preferible (como hicimos) ni siquiera tomarse la molestia de hacer el intento. Ya sé que la clásica es el 13 de Diciembre en la esquina de mi casa, con el arbolito de fondo ¡Pero podemos ir cambiando el repertorio coño! Jajajaja ;)

1 comentario:

  1. jajajajaja no puedo con ustedes... me las imagino dentro de 30 años en la sala de la casa tomando vino y buceandose carajitos que para esa epoca tendran 25-30 años! jajajajajajajajajaja

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