En esta ciudad hay una cuestión que se vuelve, inevitablemente, una parte integrante de nuestro día a día: Las colas.
Aquí se hace cola por y para todo. Cola para ir a la oficina. Cola para entrar al estacionamiento. Cola para comprar un cachito y un cuartico de jugo en la panadería. Cola para subir en el ascensor. Cola para regresar a tu casa. Cola para poner gasolina en la Texaco de las Mercedes (no puedo pelear conmigo misma, por más que intente sigo diciéndole “La Texaco”). Cola para comprar entradas para el juego de fútbol del domingo.
Entonces una se parte una uña en la mañana. Te las pusiste hace apenas dos semanas y hoy, cuando tienes un fin de semana a la vista en el que apenas vas a tener chance de respirar, te quedas con el dedo gordo mocho. Y tienes que decidir qué hacer a las cinco de la tarde: Ir a la peluquería (en Plaza Las Américas) y arreglarte el adefesio en la mano, o ir al Tolón a comprar las entradas para el partido del Caracas porque tu buen amigo no chequeó que leyeras el pin que te mandó cuando él estaba allá.
Te detienes durante diez minutos a pensar cómo puedes hacer. La señora de las manos está hasta las seis en la peluquería. Las entradas las venden hasta las 7:30-8:00. Y no puedes partirte en dos. Y haces algo que jamás te creíste capaz de hacer: Llamas al Ne para que te ayude a organizarte. “¿¡¿DESDE CUÁNDO YO SOY TU AGENDAAA?!? ¡¡¡ESTO FUNCIONA AL REVEEEESSS!!!”. Comprendes que él JAMÁS hará cola para comprar entradas para un juego de fútbol. Que simplemente, jamás hará cola para nada. Trancas y decides que lo mejor es llamar a la manicurista. Ufff, está hasta las 7:00 en la peluquería. Puedes hacerlo. Tienes que hacerlo.
Milagrosamente, no agarras casi cola cuando sales de la oficina. Llegas al Tolón y… La cola para comprar las entradas sale de la tienda, se mete en el pasillo de los baños, y da la vuelta. Hasta ahí llegó tu esperanza de acomodar tu pobre dedo gordo sin uña.
Te dedicas entonces a acordarte de tu amigo y de toda su estirpe. Sus antecesores y su futura descendencia, que nacerá con un pito en el oído por la “mentadita” de madre que les estabas dando incluso antes de que el susodicho se planteara tener descendencia. La cola sigue avanzando.
Ya te has quejado formalmente. Entiéndase, pusiste el respectivo mensaje en feizbuq y en tuiter. Le mandaste 200 pines a tu amigo y lo llamaste por teléfono, sólo para que entendiera que hay pocas mujeres en este planeta capaces de dejar de lado la peluquería por un partido de fútbol. “Si me quedo sin entrada será tu culpa, y llevarás ese peso en tu conciencia y en tu espalda por el resto de tu vida. Tú sabes que yo me encargaré de que así sea”. Él lo sabe.
Cuando tienes 50 personas por delante aparece alguien, y pregunta: “¿Ustedes están anotados en la lista?”. ¿¡¿¡¿QUÉ LISTAAAA?!?!?. Y te das cuenta entonces que desde que tienes uso de razón, tu vida siempre se ha marcado como un número en una lista. Desde la del colegio, pasando por la de Tascón, hasta la de las entradas para el fútbol.
Descubres entonces que una serie de personas se anotaron, quién sabe desde qué hora, en una lista. Que ésas son las entradas que se están vendiendo, y que luego que se acabe la lista, venderán el resto de las entradas a los pobres mortales como tú que ya tienen más de media hora esperando. Pero sólo van a vender dos entradas por persona, y tú necesitas tres.
Y sale alguien gritando: “¡JAVIER PÉREZ! ¿Quién es Javier Pérez?” Y el pana de atrás tuyo grita: “¡Si no me pides cédula soy yo!”. Te saca una carcajada la alegría y la capacidad que tenemos los venezolanos de sacar un chiste de todo. Quizás por eso es que estamos así. Reír por no llorar. Siempre es mejor.
Llamas entonces a tu amigo. “¡¡¡Guardas la entrada que te sobra CON TU VIDA que esa es pa’ mí!!! ¡¡¡ME LA MEREZCO!!!”.
Cuando por fin llegas al punto de la cola en el que ya la vitrina de la tienda está a tu lado (y asumes que ya la lista se acabó) intentas desesperadamente ver qué tan gordo es el fajo de entradas que quedan. Invocas a cuanto santo se te pasa por la mente, porque has visto demasiadas películas en las que las cosas se acaban justo a dos personas del protagonista.
Entras a la tienda y confirmas que, efectivamente, sólo te van a vender dos entradas. Sales y les tomas una foto. La envías por pin con el siguiente texto: “Tengo sólo dos ¡La que te sobra es mía!”. Llamas al Ne y le das la buena noticia para ti, y la mala para él. Le sale partido de fútbol el domingo. Le sale “cojeculo”. Le sale compartir el mismo aire con 12.000 rojos y 4.000 gochos enardecidos. Le sale huir de los pacos otra vez. Parir para comprar un tequeñón y resignarse a no beber cerveza. Dejar la comodidad de su cama el domingo para acompañarte, nuevamente, en tus “guevonadas”. Sabes que en el fondo, es él quien ahora le menta la madre al mijitico. Sonríes.
¿Pero qué más va a hacer? Si tú eres así, y así te ama, y así decidió comprometerse contigo. “Pero cuando nos casemos, te vas sola a tus juegos. ¡¡¡El año que viene no me calo esta vaina!!!”. =D
Aquí se hace cola por y para todo. Cola para ir a la oficina. Cola para entrar al estacionamiento. Cola para comprar un cachito y un cuartico de jugo en la panadería. Cola para subir en el ascensor. Cola para regresar a tu casa. Cola para poner gasolina en la Texaco de las Mercedes (no puedo pelear conmigo misma, por más que intente sigo diciéndole “La Texaco”). Cola para comprar entradas para el juego de fútbol del domingo.
Entonces una se parte una uña en la mañana. Te las pusiste hace apenas dos semanas y hoy, cuando tienes un fin de semana a la vista en el que apenas vas a tener chance de respirar, te quedas con el dedo gordo mocho. Y tienes que decidir qué hacer a las cinco de la tarde: Ir a la peluquería (en Plaza Las Américas) y arreglarte el adefesio en la mano, o ir al Tolón a comprar las entradas para el partido del Caracas porque tu buen amigo no chequeó que leyeras el pin que te mandó cuando él estaba allá.
Te detienes durante diez minutos a pensar cómo puedes hacer. La señora de las manos está hasta las seis en la peluquería. Las entradas las venden hasta las 7:30-8:00. Y no puedes partirte en dos. Y haces algo que jamás te creíste capaz de hacer: Llamas al Ne para que te ayude a organizarte. “¿¡¿DESDE CUÁNDO YO SOY TU AGENDAAA?!? ¡¡¡ESTO FUNCIONA AL REVEEEESSS!!!”. Comprendes que él JAMÁS hará cola para comprar entradas para un juego de fútbol. Que simplemente, jamás hará cola para nada. Trancas y decides que lo mejor es llamar a la manicurista. Ufff, está hasta las 7:00 en la peluquería. Puedes hacerlo. Tienes que hacerlo.
Milagrosamente, no agarras casi cola cuando sales de la oficina. Llegas al Tolón y… La cola para comprar las entradas sale de la tienda, se mete en el pasillo de los baños, y da la vuelta. Hasta ahí llegó tu esperanza de acomodar tu pobre dedo gordo sin uña.
Te dedicas entonces a acordarte de tu amigo y de toda su estirpe. Sus antecesores y su futura descendencia, que nacerá con un pito en el oído por la “mentadita” de madre que les estabas dando incluso antes de que el susodicho se planteara tener descendencia. La cola sigue avanzando.
Ya te has quejado formalmente. Entiéndase, pusiste el respectivo mensaje en feizbuq y en tuiter. Le mandaste 200 pines a tu amigo y lo llamaste por teléfono, sólo para que entendiera que hay pocas mujeres en este planeta capaces de dejar de lado la peluquería por un partido de fútbol. “Si me quedo sin entrada será tu culpa, y llevarás ese peso en tu conciencia y en tu espalda por el resto de tu vida. Tú sabes que yo me encargaré de que así sea”. Él lo sabe.
Cuando tienes 50 personas por delante aparece alguien, y pregunta: “¿Ustedes están anotados en la lista?”. ¿¡¿¡¿QUÉ LISTAAAA?!?!?. Y te das cuenta entonces que desde que tienes uso de razón, tu vida siempre se ha marcado como un número en una lista. Desde la del colegio, pasando por la de Tascón, hasta la de las entradas para el fútbol.
Descubres entonces que una serie de personas se anotaron, quién sabe desde qué hora, en una lista. Que ésas son las entradas que se están vendiendo, y que luego que se acabe la lista, venderán el resto de las entradas a los pobres mortales como tú que ya tienen más de media hora esperando. Pero sólo van a vender dos entradas por persona, y tú necesitas tres.
Y sale alguien gritando: “¡JAVIER PÉREZ! ¿Quién es Javier Pérez?” Y el pana de atrás tuyo grita: “¡Si no me pides cédula soy yo!”. Te saca una carcajada la alegría y la capacidad que tenemos los venezolanos de sacar un chiste de todo. Quizás por eso es que estamos así. Reír por no llorar. Siempre es mejor.
Llamas entonces a tu amigo. “¡¡¡Guardas la entrada que te sobra CON TU VIDA que esa es pa’ mí!!! ¡¡¡ME LA MEREZCO!!!”.
Cuando por fin llegas al punto de la cola en el que ya la vitrina de la tienda está a tu lado (y asumes que ya la lista se acabó) intentas desesperadamente ver qué tan gordo es el fajo de entradas que quedan. Invocas a cuanto santo se te pasa por la mente, porque has visto demasiadas películas en las que las cosas se acaban justo a dos personas del protagonista.
Entras a la tienda y confirmas que, efectivamente, sólo te van a vender dos entradas. Sales y les tomas una foto. La envías por pin con el siguiente texto: “Tengo sólo dos ¡La que te sobra es mía!”. Llamas al Ne y le das la buena noticia para ti, y la mala para él. Le sale partido de fútbol el domingo. Le sale “cojeculo”. Le sale compartir el mismo aire con 12.000 rojos y 4.000 gochos enardecidos. Le sale huir de los pacos otra vez. Parir para comprar un tequeñón y resignarse a no beber cerveza. Dejar la comodidad de su cama el domingo para acompañarte, nuevamente, en tus “guevonadas”. Sabes que en el fondo, es él quien ahora le menta la madre al mijitico. Sonríes.
¿Pero qué más va a hacer? Si tú eres así, y así te ama, y así decidió comprometerse contigo. “Pero cuando nos casemos, te vas sola a tus juegos. ¡¡¡El año que viene no me calo esta vaina!!!”. =D

P.S.: Te dio chance de llegar a la peluquería y pintarte, por primera vez en tu vida, las uñas de rojo. En honor a tus equipos. Te sientes rara y aún no te acostumbras. Esperas que sea una sensación pasajera. Sino, uñas claritas contigo el lunes.
TE ODIOOOOO!!!!... estas al tanto de todo esto y AUN ASI te ries?!?!?!?!??.... jajajajajajaja uuuuyyyyy deja que venga mi post!!!!! =P
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