jueves, 31 de marzo de 2011

RETOMANDO EL VICIO.

Aquí me tienen, después de una prolongada ausencia de este, mi pequeño rinconcito digital donde comparto con ustedes pensamientos, anécdotas, sueños e ideas.

El Gordo y yo ya tenemos seis meses de casados. Me atrevo a decir que han sido los seis meses más felices de toda mi vida. Una tiene pánico de empezar a compartir la vida con alguien. Sí, pánico. Eso no es un miedito normal de esos que te pueden dar al ver una película de terror. No. Es el más puro y profundo P-Á-N-I-C-O. Y es que una de repente firma un papelito, hace una promesa en el altar y así como de la nada, hace entrega formal de lo que ha sido su vida desde que salió de la cálida guarida que le proporcionó su madre durante nueve meses. Panic Button: Activated.

Adiós al placer de llegar a la casa a no hacer nada. Hasta luego a las salidas nocturnas con las amigas. Pausa a las suculentas comidas de Blanquita y de mamá. Bienvenido sean los productos de limpieza, las sartenes, ollas y el extraño en la cama. Cuando te dicen que la vida te cambia después de casarte, créanme, tienen TODA la razón.

Mis amigas están a punto de excomulgarme, desheredarme y expropiar todos mis bienes (incluido mi esposo) para ver si así me vuelvo a anotar en las noches de vinitos y cuentos. Y es que ahora llego a una casa donde hay que cocinar, lavar y fregar todos los días (o más bien dicho: Todas las noches). Es decir, una llega de trabajar… A seguir trabajando. Gracias a Dios me casé con el ser más maravilloso sobre la faz de la tierra, que comparte tareas conmigo y, más de una vez, las asume él solito cuando ni Santa Bárbara bendita ha podido darme un buen día.

Y ya sé que me van a decir que yo solita me busqué esto, que nadie me mandó a mí a casarme, que yo sabía en el paquete en que me estaba metiendo, etc., etc., etc… Y les digo, con toda la sinceridad y el orgullo del mundo, que hoy por hoy me siento más mujer que nunca, más afortunada que cualquiera y más feliz de lo que jamás pude imaginar que sería.

El matrimonio es un gran salto y una inmensa responsabilidad. Pero cuando este paso se da con amor, amor verdadero, amor del bueno, amor como el que sentimos mi Gordo y yo, la responsabilidad sólo puede transformarse en una cosa: Felicidad. Felicidad de estar, por fin, junto a la persona que amas por el resto de tu vida.


1 comentario:

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