En
3 días es el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. En esa fecha,
hace un año, te escribí la carta que le sacó lágrimas a más de uno (incluida yo
por supuesto). Hoy te escribo de nuevo, pero con un propósito completamente
distinto.
Hoy
quiero escribirte para felicitarte. Hoy quiero decirte que te admiro más que
nunca. Hoy, cuando por última vez esa aguja pinche tu brazo quiero que
recuerdes ese largo camino que recorrimos, quiero que veas tu brazo y notes que
no hay cicatrices, porque esas, las llevamos en otro lado, como un simple
recordatorio de que algo pasó para cambiarnos, para hacernos mejores personas,
mejores mujeres, mejores hermanas.
También
quiero que tomes un espejo y veas tu reflejo. Sí, estás un poquito más
cachetona, pero te sienta bien. Quiero que recuerdes ese momento en que las
tres nos tomamos la mano y, mientras la
adriamicina empezaba a bajar, arrancamos a llorar porque sabíamos las
consecuencias. Enfoca el espejo hacia arriba. ¿Lo ves?. ¡Qué bello tienes el
cabello!. ¿Parece que fue ayer no?. Quiero que cada hebra que hoy crece con más
fuerza que nunca te recuerde y te demuestre que en esta vida, todo es cuestión
de tiempo.
A
partir de hoy no contaremos días, semanas y horas. No habrá citas en la agenda
más que aquellas que se hagan con las amigas y la familia (y los controles,
tampoco es que te me vas a volver loca y vas a desaparecer de la clínica,
mosca). A partir de hoy sólo te queda ser feliz y disfrutar todo aquello que
Dios tiene preparado para ti. Eres para mí, el mejor ejemplo de que Dios no nos
envía pruebas más fuertes que aquellas que sabe podemos superar. Gracias por
demostrarnos a lo largo de este camino que sólo necesitamos fuerza, actitud y
fe para afrontar y ganarle el paso a cada obstáculo que se nos presenta, porque
hasta nos enseñaste que ni siquiera tenemos que caminar bien y sin dolor para
poder hacerlo. Tu grandeza siempre ha sido más grande que esos pequeños pasos
que tus músculos te permitían dar.
Hoy
no estoy contigo, me quedé fuera por decisión propia. Quise que hoy vivieras
esa alegría con aquellos que te han acompañado en una sala y en un consultorio.
Aquellos que te han dado risas, aliento, esperanza y una que otra lágrima al
ver y sentir la aguja. Hoy es tu última cita con ellos, tu momento de
agradecerles todo lo bello que hicieron por ti. Yo por mi parte, tengo toda una
vida para celebrar contigo y compartir tus sonrisas. Me anotas en la agenda por
favor.
Hoy
pones punto final a un capítulo, pero no terminamos el libro. Nos queda mucho por leer y
por aprender, mucho por vivir y disfrutar, mucho que sonreír y poco que llorar.
Hace
casi un año escribí “Hoy es un día para decirle al mundo: SÍ, MI HERMANA
TIENE CÁNCER DE MAMA Y VA A SALIR VICTORIOSA DE ESTO PORQUE ES LA LUCHADORA MÁS
FUERTE QUE HE CONOCIDO”. Hoy, 363 días después, puedo afirmar: “MI HERMANA ES
LA LUCHADORA MÁS FUERTE QUE HE CONOCIDO, MI HERMANA ESTÁ A UN PINCHAZO DE
VENCER AL CÁNCER DE MAMA”.
Y si una lágrima vuelve a caer por tu mejilla hoy con ese
pinchazo, que sea de alegría, que sea para recordarte que, como el fénix, resurgiste más fuerte y más bella que nunca.
Te quiero más de lo que estas pocas palabras pueden
expresar. Nunca lo olvides. Bienvenida a la meta, ¡Saboreemos la victoria!.

No hay comentarios:
Publicar un comentario