¿Conoces
esa sensación que da cuando te pones un pantalón que desde hace mucho no usas y
de repente encuentras algo de dinero en él?.
Es
la misma sensación que se produce cuando una canción, un olor o incluso la
lectura puede transportarte días, meses, quizás incluso años, atrás. Es una
mezcla de alegría, sorpresa y fascinación con algo (bastante) de nostalgia y
melancolía.
Así
me sentí cuando recibí lo que en este post he decidido llamar tu “reclamo
cerrado”, más que merecido por cierto. No hay excusas para tanto abandono y
distanciamiento. Mea culpa (aquí
vamos de nuevo). Mea culpa alejarme
de tantas cosas buenas y alegres que me hacían feliz. No, no me refiero sólo a
ti. No seas ególatra que nunca te ha quedado bien (aunque pareciera que te
cuesta un poco entenderlo).
Eres
de esas pocas personas con las que me siento en la total confianza para hablar
con la más plena franqueza. Y es que hemos reído, llorado y peleado y seguimos
siendo panas, y dime si no, que así es como se construye la verdadera
confianza. Así que aquí te va un largo bombardeo de excusas balurdas que tienen
como único propósito buscar alguna ¿explicación? a los motivos que de alguna
manera “justifican” el estado de abandono en el que te he mantenido, digámoslo
honestamente, desde el 24 de Septiembre de 2010.
Y
no es que mi memoria sea una vaina arrechísima (bueno, en verdad lo es,
pregúntaselo al Gordo para que veas cómo esgrime que ésa es la única razón por
la que nunca ha podido ganarme una pelea) pero es que estoy en un punto al que
me refiero como AM/DM. Antes del Matrimonio y Después del Matrimonio.
Habrá
quienes se adapten a la adquisición de responsabilidades post iglesium de una manera más sencilla (o quizás es que
simplemente no le paran nunca a las nuevas responsabilidades) y me digan “Coño, ¡Esta pana si es exagerada!” y
quizás lo sea, pero también soy una esposa a la que le gusta llegar al nuevo
nidito de amor a pasar tiempo de calidad con su abnegado esposo. A preparar una
rica cena y un nutritivo almuerzo para el día siguiente (porque hermano, esto
de comer en la calle es muy caro y hace estragos en las caderas) y a mantener
un poco de orden en el nuevo hogar (que, diciéndolo abiertamente, no es mi
fuerte).
Y
no te creas que soy una esclava o una achacada a la antigua a la que lo único que
le falta es el vestidito ancho, el peinado de honguito y los guantes en las
manos. No, para nada. En nuestro nidito vivimos en una feliz democracia en la
que ambos entendemos el valor del esfuerzo mutuo como pilar fundamental para un
matrimonio duradero. Así como me gusta consentir, me gusta que me consientan, y
afortunadamente, los dos estamos en la misma línea y entendemos esto a la
perfección.
Insisto,
no es más que una excusa balurda. Y hay más de un@ que debe estar leyendo esto
y diciendo “Coño, ¿Pero si yo no le
reclame nada de dónde salió esta loca con esta descarga?” y es que no eres
el único en esta situación de abandono. Penosamente debo admitir y reconocer
que es una situación un tanto generalizada. Bueno, está bien, bastante
generalizada pues.
Es
una situación que me he propuesto cambiar desde que dejé de ser esclava de
otros para ser dueña de mi tiempo, mis recursos y mis esfuerzos. Mi vida, como
sabrás, dio un vuelco totalmente inesperado tras unas maravillosas semanas de “Segunda
Luna de Miel”. Diosito me dio la oportunidad de replantear lo que quería hacer
con mi vida y ni lenta ni perezosa me aferré a ella y se me abrió la más
increíble de las puertas. De eso me extenderé en otro post, porque, justamente
anoche, estaba pensando hacerlo.
Además,
no está fácil esto del presupuesto familiar. Hermano, ¡Eso si es una cosa compleja!.
Reconociéndolo, es algo que también ha afectado nuestro entorno social. Y es
que uno se construye metas (porque no es posible tener grandes sueños sin
fechas) y entonces se da cuenta que el sacrificio económico es parte esencial
del lograr alcanzarlas. Y quien me lee jura que de casualidad llego a fin de
mes… ¡Pero no es así! Lo que pasa es que lamentablemente (o afortunadamente) sufro
de OPC (Organización y Planificación Crónica) y si no consigo lo que quiero
para el momento que lo quiero hago ver que las llamas de Troya fueron poca
cosa.
Ya
lo ves, no son más que un montón de excusas balurdas. Mea culpa incluso el intentar esgrimirlas. Y no sabes cómo lamento que
te haya tocado a ti un infortunado (y lamentablemente cada vez más latente y
presente) encuentro cercano de tercer tipo con un arma de fuego y un desalmado
tras de ella, afortunadamente fue sólo un tremendo susto que te movió el piso a
ti y te hizo ver que habíamos quienes necesitábamos un terremoto bajo nuestros
pies para también darnos cuenta de las cosas que son verdaderamente importantes
en la vida.
Gracias
por ser ése terremoto hoy. Sólo te pido que de ahora en adelante más que un
terremoto seas una de esas guías que mantienen encarrilados a los animalitos
(por no decir al ganado, que seguramente desataría en tu mente una analogía a
lo gordita que estoy) para que, si en algún momento me vuelvo a distanciar,
sepas cómo hacer para volver a traerme a donde debería estar.
Fijemos
una fecha para la semana que viene y entre una que otra birrita pongámonos al día,
que bien que nos hace falta. Y tranquilo, que el domingo estaré, como siempre
(aunque no lo creas) más que pendiente de los fuegos artificiales.
No
tienes que buscar, aquí estoy.

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