A veces me llega la inspiración de la forma más inesperada. Una palabra, una imagen, una persona, el sonido de la lluvia sobre las hojas de los árboles o la iridiscencia de los rayos del sol en mi ventana desencadenan en mí una serie de emociones, de sensaciones, que me cuesta contener dentro, que me llenan el alma y el espíritu cual vaso que poco a poco recibe el líquido que le da su finalidad y propósito.
Hoy, un comentario leído en el blog de un amigo bastó para liberar mi mente de la inclemente rutina del día a día y ponerme a pensar en aquello que me inunda de alegría y dibuja constantemente sonrisas en mi rostro: Mis amigos.
Mis amigos son como una paleta de colores. Son diversos, son disímiles, son únicos. Cada uno tiene algo que lo hace especial y distinto de los demás. Son quienes le dan sentido al lienzo de mi vida, colorean mi paisaje y dibujan mi horizonte.
Y como una paleta de colores, los tengo de la más infinita variedad, una gama espectacular: Los que siempre están alegres y los que cuesta hacerlos sonreír, los que asienten en todo y los que rayan en lo intolerante, los intelectuales y los bochincheros, los perspicaces y los achantados, los presumidos y los sencillos, los impertinentes y los silenciosos, los ágiles y los torpes, los que están cerca y los que están lejos, los directos y los sutiles, los que están, los que estuvieron y los que se van, los que entran un ratito y los que se quedan para siempre, los de la infancia, los del colegio, los de la universidad, los del trabajo, los de la familia, los de la vida.
Y todos han llegado a mi vida y se han posado en mi paleta en su forma más peculiar. Hay algunos que se han caído de ella, pero dejaron marcado su tono particular. Y es que de todos he aprendido y todos me han enseñado. Con muchos he reído y con pocos he llorado. Con algunos me he molestado y por algunos me he lamentado. Pero a todos, a todos toditos todos, los he adorado.
Y a veces me atrevo a mezclarlos, a combinarlos unos con otros. A acercarlos en mi paleta para obtener resultados maravillosos. No siempre me sale bien, pero de ello también he aprendido, y quizás ellos también.
Por eso quiero darles las gracias a ustedes, mis colores. Por las sonrisas dibujadas y las lágrimas compartidas. Por los abrazos cariñosos y los regaños merecidos. Por las ideas locas y los planes fracasados. Por las llamadas, los mensajes y los correos. Por estar conmigo aunque a veces estén lejos. Por sus palabras y sus silencios. Por el apoyo, la confianza y el aliento. Por los momentos, los instantes, las épocas, las ocasiones y las oportunidades. Porque sin ustedes mi vida no tendría color ni mucho menos sentido.
Ustedes son mi paleta de colores, mi arcoiris de emociones.
Hoy, un comentario leído en el blog de un amigo bastó para liberar mi mente de la inclemente rutina del día a día y ponerme a pensar en aquello que me inunda de alegría y dibuja constantemente sonrisas en mi rostro: Mis amigos.
Mis amigos son como una paleta de colores. Son diversos, son disímiles, son únicos. Cada uno tiene algo que lo hace especial y distinto de los demás. Son quienes le dan sentido al lienzo de mi vida, colorean mi paisaje y dibujan mi horizonte.
Y como una paleta de colores, los tengo de la más infinita variedad, una gama espectacular: Los que siempre están alegres y los que cuesta hacerlos sonreír, los que asienten en todo y los que rayan en lo intolerante, los intelectuales y los bochincheros, los perspicaces y los achantados, los presumidos y los sencillos, los impertinentes y los silenciosos, los ágiles y los torpes, los que están cerca y los que están lejos, los directos y los sutiles, los que están, los que estuvieron y los que se van, los que entran un ratito y los que se quedan para siempre, los de la infancia, los del colegio, los de la universidad, los del trabajo, los de la familia, los de la vida.
Y todos han llegado a mi vida y se han posado en mi paleta en su forma más peculiar. Hay algunos que se han caído de ella, pero dejaron marcado su tono particular. Y es que de todos he aprendido y todos me han enseñado. Con muchos he reído y con pocos he llorado. Con algunos me he molestado y por algunos me he lamentado. Pero a todos, a todos toditos todos, los he adorado.
Y a veces me atrevo a mezclarlos, a combinarlos unos con otros. A acercarlos en mi paleta para obtener resultados maravillosos. No siempre me sale bien, pero de ello también he aprendido, y quizás ellos también.
Por eso quiero darles las gracias a ustedes, mis colores. Por las sonrisas dibujadas y las lágrimas compartidas. Por los abrazos cariñosos y los regaños merecidos. Por las ideas locas y los planes fracasados. Por las llamadas, los mensajes y los correos. Por estar conmigo aunque a veces estén lejos. Por sus palabras y sus silencios. Por el apoyo, la confianza y el aliento. Por los momentos, los instantes, las épocas, las ocasiones y las oportunidades. Porque sin ustedes mi vida no tendría color ni mucho menos sentido.
Ustedes son mi paleta de colores, mi arcoiris de emociones.
Te botaste mi amor!... de verdad que la inspiración te llega en momentos extraños. No conozco a nadie, que como tu, sepa plasmar en palabras los sentimientos y emociones de forma tan expresiva.
ResponderEliminarTe amo y amaré por siempre, me encanta que seas feliz y me parece que es muy buena idea tomarse un momento y agradecer aveces por todo lo bueno que nos da la vida... y tu, particularmente, eres una de las mejores cosas que me dio la vida! te adoro!
Lindo Caro :D
ResponderEliminarChévere formar parte de esa linda aventura de la vida :D
Besitos
Caro, que bello quedo este post, llevas adentro sentimientos demasiado hermosos, que belleza saber que forme, formo y formare parte de tu vida y tu de la mia.
ResponderEliminarNo importa si son muchos o sin pocos los amigos que han llegado a tu vida, al leer este escrito es inevitable ver que todos han dejado su huella de Amor grabada en ti y eso es lo mas importante
TQM.
Ari